El pasado 26 de octubre, tuve la oportunidad de asistir a una jornada sobre identidad, integración y reinvención profesional que Elena Vasquez Breitkof de la asociación Bunte Brise organizó en Heidelberg. En ella pude escuchar dos charla muy interesantes, la primera impartida por el psicólogo Manuel Miranda Araya, y la segunda , impartida por la Coach de vida Carina Planamente. Realizamos varias dinámicas muy interesantes relacionadas con la identidad individual, la identidad de grupo y la integración. Así como un ejercicio muy interesante sobre las limitaciones que nos ponemos y el poder de la mente para frenarnos o seguir adelante y alcanzar nuestros objetivos.

Una cosa llevó a la otra

 Acudí a la charla como mujer inmigrante que se ha reinventado, pero lo que escuché y aprendí, me llevó irremediablemente a reflexionar sobre cuestiones que trabajo en el area de maternidad y que estuvieron muy presentes cuando realicé la primera edición del programa de acompañamiento para madres recientes: mimar empieza por mí.

Este post es un reflexión sobre mi experiencia personal, pero también lo extrapolo a las situaciones que me voy encontrando y que tengo el privilegio de escuchar. Y es que, a pesar de que aquella tarde/noche se hablara de identidad e integración enfocada en la migración, la maternidad es una etapa de muchos cambios en los que la identidad juega un papel muy fuerte. Una de las cosa de las que se habló fue de que la identidad propia se genera a través del feedback que recibimos del grupo, por eso, cada vez que cambiamos o ampliamos nuestro entorno, nuestra identidad se modifica. Seguimos siendo la misma persona, pero nadie es igual en todos los ámbitos y cuando llegamos a un lugar nuevo o a una nueva situación, debemos integrarnos (o integrar el cambio) y encontrar nuestro nuevo lugar , nuestro nuevo yo.

Tu nueva identidad

A veces, encontrar ese nuevo lugar es difícil. Si me enfoco ahora en la maternidad, llegamos a ella después de habernos hecho un hueco y haber construido nuestra identidad en mucho otros campos. Nuestra identidad está forjada en los valores de la sociedad en la que vivimos, y esos valores, que como decía Manuel en la charla, son conductas o actitudes que se reconocen como buenas por la sociedad, pasan a ser parte de quien somos. De nuestra identidad.

Ahora pongamos, que nuestra sociedad valora el éxito laboral y social, y que, como parte integrada de la sociedad en la que vivimos, tenemos estos valores integrados en nuestra identidad, son parte de quien somos. Y decidimos ser madres. Y nuestros entorno se modifica, nuestros valores cambian y tenemos que volver a encontrar quienes somos en esta nueva circunstancia. Durante un tiempo (dependiendo del lugar, más o menos) vamos a dejar de trabajar, vamos a dejar de salir a comer o tomar algo con nuestros amigos como lo hacíamos antes, no asistiremos a fiestas o quedaremos para ir al cine. Y eso, aunque haya sido una decisión propia y meditada, es duro.   Es duro ver como la sociedad te pone en stand by, esperando a que tu bebé crezca (o lo dejes en algún sitio) y vuelvas a encajar en tu lugar de antes para volver a contar contigo.

¿Quién soy?

Pero la realidad es que ya no encajas. Hay muchas madres que no ven el momento de volver a trabajar después de que su bebé nazca y no porque no quieran pasar tiempo con su bebé sino porque necesitan volver a ser visibles para la sociedad. Necesitas volver a ser tú, esa tú que has ido construyendo durante tantos años. Porque si ya no eres esa, ¿Quién eres? Todo el mundo asume que estás feliz cuidando de tu bebé, y claro que lo estás, pero necesitas que se te tenga en cuenta en conversaciones que no tengan que ver con pañales, culos irritados, dar la teta o el biberón, aunque mientras hablas estés cambiando un pañal, dando teta o un biberón. 

Y es que además, la solución que se te plantea siempre tiene que ver con alejarte del bebé. Parece que no hay término medio. O eres madre o eres “tú”. Hoy no voy a hablar sobre las implicaciones que tiene del contacto con el bebé a nivel físico o anímico para la madre, pero tener que escoger entre esas dos facetas de tu vida es muy duro y agotador.

Un lugar seguro para reencontrarte

Reconocer o encontrar tu nueva identidad cuando eres madre es una de las cosas más difíciles a las que nos enfrentamos y por eso es tan importante rodearte de mujeres que estén en la misma situación, ya sea virtual o físicamente.  

Obviamente, sería maravilloso que la sociedad actual aceptara a los bebés (y por lo tanto a sus madres cubriendo sus necesidades) y se pudiera seguir quedando a comer con amigos sin que nadie te mire mal en un restaurante porque sacas la teta,  se moleste porque un bebé llora o se pudiera conciliar la vida laboral con la maternidad sin que piensen que ya no rendirás. En esa dirección hay que seguir trabajando.

Mientras tanto, nosotras como madres seguiremos buscando apoyo entre las nuestras, las que no ven solo un bebé o una madre, o solo una profesional de (lo que sea). Porque ahí, donde podemos hablar con franqueza de lo que nos está pasando, es donde podemos integrar nuestra nueva identidad y resurgir con seguridad en ese mundo que te ha dejado en stand by por una temporada. Encontrarte a tí misma, saber quien eres y cuales son tus prioridades, te ayudan a adaptarte a las costumbres de los demás a tu manera. Unas costumbres que incluso pudieron ser las tuyas en el pasado, pero que ya no significan lo mismo.

Derecho a estar disconforme

Saber adaptarse a las nuevas situaciones, esa plasticidad, es lo que marca la diferencia entre integrarse y estar dándose cabezazos contra un pared porque no se abre por donde tú querías pasar, pero eso no significa que no se pueda hacer nada por ir cambiando lo que no nos gusta.  La maternidad es absorbente y, sobre todo los primeros meses, te demanda mucho. Pero no es lo único que te define ni lo único que te llena. Y aunque nos hagan pensar que hay que escoger entre A o B, la realidad es que el espectro de posibilidades es mucho más amplio y cada una encuentra su punto.  

Como os decía al principio, esta reflexión tiene que ver con lo que me pasó a mí y de lo que me compartieron durante las sesiones en directo con otras madres en mimar empieza por mí. Y es que , muchas nos sentimos muy solas en este viaje. Solas y juzgadas. Por unos o por otros, confundidas por sentirnos bailando entre dos aguas, la maternidad y tu yo pre-mamá.  

Si te dedicas exclusivamente a tus hijos parece que estás traicionando a tu yo que tanto esfuerzo hizo en estudiar una carrera y labrarse un futuro profesional, pero si te incorporas al trabajo lo antes posible, parece que no te preocupas lo suficiente por tu hijo. Y mientras una está luchando contra todos los fantasmas del universo ( los propios y los que nos arrojan), el entorno sigue sin facilitarnos en absoluto la integración de esas dos facetas.

Entender que te pasa, ser consciente 

Con un poco de suerte, consigues entender la complejidad de lo que te sucede y haces las paces con las decisiones que vas tomando. Otras veces, sientes tanta presión social por hacer las cosas de cierta manera que pones la responsabilidad en otros para no sentirte culpable (o no tanto) de las decisiones que tomas. Aunque las decisiones siempre sean propias. Y poco a poco, vas descubriendo qué es importante para ti en esta nueva situación. Dónde pones tu energía y dónde no malgastas más. Qué facetas tuyas anteriores rescatas y cuales dejas ir (con más o menos dificultad), para que tu nuevo yo resurja.  

Por eso, si ahora estás en ese punto en el que no encajas en tu lugar de antes pero tampoco en el que te han dicho que debes ocupar ahora, no te preocupes, no eres la única, aunque eso puede que no sea de consuelo ahora mismo.

Gracias por leerme,

 

Amaia

 

P.D. Mientras escribía este post, no he podido dejar de pensar en el Texto de Nohemí Hervada “Las renuncias de las madres”. Si todavía no lo conoces, te recomiendo que lo leas aquí.

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