Por fin he sacado un rato para escribir sobre mis prácticas!! Han sido dos meses muy intensos, en los que he aprendido muchísimo y estoy muy agradecida por haber tenido esta oportunidad.

Os podeís estar preguntando por qué me he puesto a hacer unas prácticas con matronas ahora y, esque, me gustaría matricularme en la escuela de matronas. Llevo cinco años trabajando con familias (principalmente con madres) durante el embarazo y en le postparto como asesora de porteo y poco a poco mi interés me ha llevado a dar un paso más y querer formarme como matrona. Así qué, de ese interés surgió la idea

¿Prácticas sin tener formación?

Para que entendáis el contexto de estas prácticas, tengo que explicaros un poco el sistema Alemán, ya que en España, una cosa parecida no existe (que yo sepa).

En Alemania es muy común hacer prácticas voluntarias durante el instituto o después de terminarlo. Es una forma de probar si un trabajo te gusta antes de estudiarlo. De hecho, cuando presentas tu solicitud para una plaza, las prácticas son muy deseadas. Esto quiere decir, que están muy acostumbrados a tener gente no cualificada en prácticamente cualquier centro de trabajo, en este caso, en el paritorio y la planta de maternidad.

Cuando le comenté a una de las matronas con las que colaboro como asesora de porteo, sobre mi interés en hacer unas prácticas, me animó enseguida a mandar mi currículum a la clínica donde ella trabaja. Y así es como conseguí unas prácticas de 8 semanas en el paritorio.

La clínica que me acogió

La clínica en la que estuve es relativamente pequeña. El paritorio cuenta con tres habitaciones/paritorio y una sala de recuperación, con cabida para dos camas, donde llevan a las mujeres que han tenido una cesárea (en vez de dejarlas en la de recuperación de cirugía general al lado del quirófano). Uno de los paritorios dispone de bañera de partos y otro de una bañera normal y todos ellos tienen más pinta de habitación que de paritorio aunque están equipados con medicación y material relativamente oculto/disimulado.

Las mujeres se quedan en la habitación donde han dado a luz (o en la sala de recuperación en caso de cesárea) durante, mínimo, dos horas y después pasan a planta.

Por si tenéis curiosidad, os dejo aquí un link a la web dónde podéis ver los partorios.

Solo sé que no sé nada

No estaba nada familiarizada con esto de hacer prácticas sin tener formación en una materia, por lo que no estaba muy segura de lo que iba a poder ver o hacer durante las ocho semanas. Iba con la máxima de “si no puedes ayudar, por lo menos no molestar XD”.

Es verdad que sí tengo algo de formación en la materia, es decir, estoy familiarizada con muchas de las cosas que suceden durante el parto a nivel hormonal, los factores que pueden influir en que transcurra con normalidad o se dificulte (algunos de ellos), pero no tengo formación para saber qué hay que hacer o tener en cuenta. Y bueno, haber parido dos veces me puede das un poco de idea de lo que la mujer puede estar sintiendo en ese momento pero como digo, un poco de idea, porque yo he parido dos veces, y en estas ocho semanas he podido estar presente en 13 partos de 13 mujeres diferentes, con ideas y preparaciones muy distintas. Es decir, mi experiencia personal es una mera anécdota a la hora de acompañar un parto, que me ha podido ayudar a veces, pero no ha sido referencia de nada.

Y llegó el primer día!

Por lo que ahí que me fui en mi bici (Como dice mi amiga Raquel muy «Call the Midwife»), con un madrugón tremendo para estar en la clínica a las 6:30h de la mañana. Estaba súper emocionada y nerviosa. Cuando llegué había dos matronas (más adelante llegaría una tercera) y ya me dí cuenta cual de las dos no tenía ninguna gana de que llegara otra de esas que no sabe que hacer y molesta…así que me pegué a la otra XD.

Si tengo que decir en corto qué es ser «Praktikantin», diría que algo así como ser la sombra de alguien (a veces te la asignan y a veces la escoges), seguirla a todas partes, intentar no molestar y preguntar si te dejan mirar y acompañar a todos lados. Al cabo de los días también preguntaba si podía hacer sola cosas sencillas como tomar la tensión y temperatura o medir la saturación en sagre de los bebés antes de pasar a planta. Cuando te han supervisado un par de veces ya te piden ellas que hagas todas las cosas rutinarias que, supongo con los años dan mucha pereza pero, como «Praktikantin» estás feliz de que te dejen hacerlas.

Y bueno, el primer día fue muuuuuy tranquilo…cero partos. CERO. Pero no cero expulsivos, no CERO de todo. Ninguna mujer en fase de dilatación, nada. Un par de mujeres vinieron a monitores para un control rutinario, pero por lo demás nada. Durante la noche había dado a luz una mujer y ya estaba en su habitación y el paritorio limpio pero sin preparar, por lo que por lo menos aprendí cómo se monta un paritorio para el siguiente uso. Y bueno, me fui a casa igual de emocionada pero sin mucho nuevo que contar.

El segundo día fue igual pero el parto de la noche fue más tarde por lo que también pude limpiar el paritorio, algo nuevo XD!. En esta clínica, las matronas se encargan de limpiar el paritorio después de cada parto y de volver a montarlo para dejarlo listo para el siguiente. Y, aunque no sea el trabajo más emocionante del mundo, es tan importante como cualquier otro y para el que no se necesita demasiada formación, por lo que los dos primeros días, me dediqué a aprenderme en qué armario se guardaba cada cosa (cubre camas, empapadores, compresas, jeringuillas, agujas, soluciones salinas…) para tener autonomía en eso (aunque después de montar cada paritorio pedía a una matrona que revisara que todo estuviera en orden).

luces, cámara, acción!

Y por fin llegó el tercer día. Llegué más tarde porque estaba sola con los niños. Tengo que decir en este punto que me pusieron todas las facilidades del mundo para compaginar las prácticas con mi situación familiar. Los días que estaba sola con los niños podía entrar más tarde y recuperaba las horas el fin de semana.

Al llegar, dos paritorios estaban ocupados y estaban haciendo una cesárea programada. No sé cómo sea en otros países, pero en Alemania no puede nacer un bebé sin la presencia de una matrona (y sí sin la presencia de un/a médico), lo que implicaba que las dos matronas que tenían turno estaban ocupadas y la mujer que menos asistencia necesitaba en ese momento estaba sin matrona.

El caso es que yo llegué y me encontré de frente con la residente de gine, que básicamente me mandó dentro a acompañar a la mujer sin matrona (aunque sí acompañada por su pareja) que estaba de 7 cm y, según la residente necesitaba alguien que le diera la seguridad de que todo iba bien. Sentí una sensación de vértigo, pero entré pensando “bueno, siempre puedo salir y llamar a alguien”.

Hola soy Amaia, llevo tres días aquí y vengo a darte seguridad

Entré, me presenté, y mi pijama blanco que dejaba claro que no era personal médico y placa en la que ponía claramente “Praktikantin” (además de haberselo dicho en palabras) no pareció importarles mucho. Me sonrieron y me relajé un poco. La mujer estaba de pie sujetándose a un fular que colgaba del techo y gritaba en cada contracción a la vez que se agachaba. Su pareja estaba delante de ella y la abrazaba cuando ella se dejaba caer sobre el fular. Me sentí un poco intrusa y les pregunté si querían que me quedara, a lo que ellos contestaron que sí, por favor. Le ofrecí a la mujer masajearle las lumbares y me dijo que le aliviaba el dolor, por lo que ese fue mi papel.

Cuando llegó la matrona, habló con la mujer y le ofreció pasar a la bañera. Le gustó la idea y la acompañamos al paritorio con bañera de partos. A partir de ese momento la matrona estuvo más presente y yo no puedo estar más agradecida de que mi primer contacto con un parto fuera con ella. Si algo define a esta matrona es la paciencia y la calma. Jamás le dijo que no gritara (me llegó especialmente porque a mí si me lo dijeron en su día y no de muy buenas formas) ni la hizo sentir incómoda por aceptar o no lo que ella proponía.

La mujer estaba relajada en la bañera, las contracciones habían disminuido un poco en frecuencia e intensidad y le ofreció algo de comer, pero no tenía ganas. Nos preguntó a la pareja y a mi si queríamos un café (cortocircuité un poco pero acepté) y le preguntó a la mujer si le parecía bien. Esta asintió y de repente ahí estábamos los tres en el paritorio, nosotros tomándonos un café, hablando poco y bajito, con música de fondo y acompañando a la mujer. Esta gritaba o gemía en cada contracción, pero el ambiente era relajado, no había estrés.

La recta final

Las contracciones volvieron, aparecieron las ganas de empujar y la matrona comprobó que había dilatado del todo. Le preguntó si le gustaría tener un parto en el agua o si prefería salir a la cama, pero escogió el agua. La mujer llevaba muchas horas de parto y estaba cansada, por lo que la matrona le dijo que le gustaría que para el alumbramiento de la placenta pasaran a la cama. A la mujer le pareció bien. Fue la única vez que le escuché a la matrona hablar de cómo necesitaba ella llevar a cabo el procedimiento teniendo en cuenta las circunstancias. (En otro post os contaré lo que he aprendido sobre las limitaciones y miedos de cada matrona y la honestidad al atender un parto).

Con la ayuda de un espejo en el fondo de la bañera, la matrona (y yo) veía(mos) cómo la cabeza empezaba a asomar cuando la mujer empujaba y cómo retrocedía cuando la contracción pasaba. Parecía que iba a ser inminente, pero se hacía esperar. No lo he dicho antes, pero la mujer tenía los monitores puestos en todo momento y todo iba bien, por lo que no había necesidad de meter prisa y no se metió. Para mi “tristeza” me di cuenta de que eran las 14:00h y de que tenía que regresar a casa porque estaba sola y tenía que recoger a los niños. Le dije a la matrona que no podría quedarme mucho más aunque tenía la esperanza de alcanzar a ver nacer al bebé, pero tras 20 minutos tuve que despedirme de la pareja (que ya sabía que nuestro turno se había terminado y habíamos tenido tiempo de hablar un poco de nuestras vidas a lo largo de la mañana) y volar a casa en la bici.

Mi primer post parto ajeno

No vi nacer al bebé pero fue una experiencia impresionante.
A la mañana siguiente visité a la familia en la habitación y me emocioné al ver lo agradecidos que estaban. Yo que me sentí una intrusa y que «solo había estado ahí» había sido para la pareja un gran apoyo. Aprendí muchas cosas y sobre todo fue un contraste muy grande con el recuerdo que yo tenía de mis propios partos y del papel de las matronas que estuvieron en él. A este respecto también me referiré en otro post, porque tras las 8 semanas también entendí que no siempre se puede atender como a una le gustaría y que no tiene que ver con la voluntad de la persona responsable de hacerlo. Sin ir más lejos, la misma matrona con la que estuve ese día, no pudo pasar tanto tiempo como yo con la pareja porque ella tenía más responsabilidades que no podía desatender.

A lo largo de las siguientes semanas, me tocó estar en otros partos con matronas muy distintas (que no necesariamente peores) y esta primera experiencia me sirvió como ejemplo, de que no necesariamente la matrona tiene que llevar la voz cantante en el parto.

Y hasta aquí mi primer relato! Quería compartir con vosotras mi primer contacto con el paritorio, porque como toda primera vez, deja un huella diferente. De todas formas, y como habéis podido leer en un par de apuntes que hacía más arriba, quiero hablaros también de mis impresiones sobre las matronas y sobre lo que ha cambiado en mí tras haber pasado por las prácticas. Así que, para no hacer este post (más) eterno, lo dejaré para la semana que viene!

Si habéis llegado hasta aquí, una vez más, gracias por leerme!

P.D. Y si echas de menos contenido sobre porteo, te cuento que en instagram estoy recordando el reto de la bandolera del verano pasado para estar a punto para cuando llegue el calor!

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